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jueves, 26 de febrero de 2026

CUENCA DEL FUTURO


Dentro del habitáculo del Cuervo Móvil, entre cables, pantallas y tableros intervenidos con tinta verde fosforescente, va concentrado el arquitecto y periodista Pato Orellana, conocido en la crónica urbana como “El Cuervo”. Con una mano sostiene el volante y con la otra dibuja sobre el panel de control: su bitácora no se escribe, se ilustra.

El vehículo avanza —o quizá flota— por la intersección de las calles Benigno Malo y Bolívar, en el corazón de Cuenca. Desde el parabrisas panorámico se abre la escena futura: fachadas republicanas extendidas como circuitos, balcones que respiran neón azul y una ciudad que parece ensamblada entre memoria y máquina.



A pocos metros, el histórico Parque Calderón se convierte en nodo energético, pulmón digital donde los árboles conversan con antenas y los ciudadanos caminan entre esculturas cinéticas. Detrás, dominante y eterna, se eleva la silueta de la Catedral Nueva de Cuenca, reinterpretada en el trazo del Cuervo como una catedral-circuito: cúpulas que almacenan datos, campanarios que transmiten señales.



En el tablero frontal palpitan diagramas, mapas de altitud, coordenadas que recuerdan los 2.520 msnm, y un letrero intermitente: “CUENCA LONG 79° O LAT 2° S”. El Cuervo ha convertido la cabina en redacción y laboratorio. Sobre una pantalla lateral se lee su sentencia favorita: “People are stranger”, como advertencia y manifiesto.

La crónica ilustrada que produce no es nostalgia ni simple futurismo: es una autopsia amorosa de la ciudad. Dibuja drones como colibríes mecánicos, tranvías convertidos en cápsulas magnéticas y edificios patrimoniales reforzados con prótesis tecnológicas. Pero mantiene intacta la perspectiva urbana: la calle como escenario democrático.

Desde el interior del vehículo, el periodista observa, registra y reinventa. No huye del pasado; lo recalibra. En su visión, Cuenca no pierde su piedra ni su cielo azul: los electrifica. Y mientras el Cuervo Móvil avanza en silencio por Benigno Malo, el arquitecto sonríe. Sabe que toda ciudad futura comienza con un buen dibujo y una mirada crítica desde el presente.