Crónica ilustrada: El escudo que late en rojo y negro
En el corazón del Austro ecuatoriano, bajo el cielo limpio de la ciudad de Cuenca, el escudo del Club Deportivo Cuenca vuelve a encender la ilusión. No es solo un emblema: es un relato pintado en verde esperanza, con bordes firmes, una estrella dorada que recuerda la gloria y un corazón rojo que late con la palabra “Deportivo Cuenca”.
La ilustración de pato orellana el cuervo, muestra un escudo robusto, enmarcado por hojas doradas que evocan victoria y tradición. En el centro, el rectángulo sagrado: franjas rojas y amarillas que dialogan con la historia, y allí, en movimiento eterno, la silueta inconfundible de un ’10’ zurdo, melena al viento, dominando el balón como si el tiempo no existiera.
Pero esta vez la escena no es nostalgia: es noticia.
El rumor que sacude la ciudad. Las radios locales estallan. En las esquinas, en los mercados, en los cafés del Centro Histórico, una frase se repite como eco sagrado: “Llega el Diez”.
El nombre vibra con peso propio: Diego Maradona.
El anuncio —imaginado como un sueño futbolero que cruza generaciones— coloca al ídolo argentino en el corazón del escudo colorado. No como recuerdo del pasado, sino como símbolo de una contratación extranjera que rompe la lógica y enciende la fantasía popular. La figura ilustrada lo retrata en pleno salto, con el balón pegado al botín, como si estuviera a punto de marcar un gol en el estadio Alejandro Serrano Aguilar.El escudo como escenario
En la composición artística:
• La estrella superior brilla como promesa de nuevos campeonatos.
• El verde envolvente representa la esperanza renovada.
• Las franjas verticales evocan historia, lucha y permanencia.
• Y en el centro, el ’10’, convertido en estandarte, une dos pasiones: Argentina y Ecuador.
El escudo deja de ser estático; se transforma en portada de periódico, en mural urbano, en bandera que ondea en el Tomebamba.
Crónica de una ilusión
La ciudad amanece distinta. Los niños dibujan el número 10 en sus cuadernos. Los hinchas desempolvan camisetas. Los comentaristas deportivos hablan de magia, de gambetas imposibles, de zurda eterna.
Más que una contratación, es un símbolo: la idea de que el fútbol todavía puede ser poesía.Y así, en esta crónica ilustrada, el escudo del Deportivo Cuenca no solo representa a un club. Representa la capacidad del pueblo de soñar en grande. Porque cuando el balón rueda, la esperanza también juega.Y en el centro del emblema, el Diez —eterno, desafiante— parece decirle a la ciudad:
“La historia aún se puede escribir en rojo y negro.”



Una idea espectacular
ResponderBorrar