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lunes, 19 de enero de 2026

COMO SE LLAMA LA OBRA, EN 3 ACTOS...

#Crónica en tres actos: #Hambre, #espectáculo y #consumo

A primera vista, la ilustración se presenta como una historieta popular, de trazo suelto y colores urgentes, casi improvisados, como si hubiera sido arrancada del cuaderno de apuntes de alguien que observa la ciudad mientras esta se desmorona. El título irrumpe como un grito callejero: “¿Cómo se llama la obra en tres actos?”. La pregunta no es inocente. Es una provocación directa al espectador, una invitación a participar del juego… o a quedar expuesto dentro de él.


Primer acto: el #espectáculo

El telón se abre y aparecen dos mujeres sobre un escenario improvisado, vestidas como vedettes de cabaret, sonrientes, exuberantes, iluminadas por la mirada ajena. El muro de ladrillos detrás recuerda que esto no ocurre en un teatro refinado, sino en una trastienda urbana, marginal. El #cuerpo se convierte en mercancía, en distracción, en promesa de placer rápido. Todo es celebración superficial: risas, poses, brillo. El #público todavía no sospecha que el show es apenas la fachada.

Segundo acto: la #solemnidad

El cambio de escena es abrupto. Ahora, dos figuras eclesiásticas —reconocibles, pesadas, casi caricaturescas— se dan la mano frente al mundo. Hay consenso, complicidad, un pacto silencioso. La religión aparece como institución, no como fe: ordena, bendice, legitima. Mientras tanto, el hambre sigue fuera del encuadre, esperando turno. El telón vuelve a cerrarse, pero algo empieza a oler mal.

Tercer acto: la multitud

El último acto es el más ruidoso y el más trágico. La masa se amontona, grita, exige: “¡JUNTA TODO LO QUE TENEMOS!”. No hay individualidades, solo cuerpos comprimidos, sombras. La escena termina con una figura solitaria en el centro, vencida, y un pequeño cartel que dice “FIN”, como si el cierre fuera definitivo, como si ya no hubiera más nada que hacer.

La revelación

Y entonces, fuera del escenario, llega el verdadero golpe: un aviso publicitario.

Combo 2 BLE-DOBLE

Buenas presas.

Papas grandes.

Pepsi – Inka.

PROMO muerto de hambre.

Restaurante: STAR GORD.

Precio: $ 7.999

Todo lo anterior —el espectáculo, la religión, la multitud— era solo la antesala de esto. La obra no trataba de artistas, ni de fe, ni siquiera de caos social. Trataba del consumo. De cómo la miseria se empaqueta, se nombra, se vende. De cómo el hambre deja de ser una tragedia y pasa a ser un nicho de mercado.

El título finalmente se responde solo: la obra se llama como se llama nuestro tiempo. Una sociedad donde el dolor es rentable, donde la desigualdad se disfraza de oferta, donde el sistema baja el telón mientras te vende el combo.

Pato Orellana no ilustra para decorar: ilustra para incomodar. Su crónica gráfica no grita, pero tampoco pide permiso. Nos muestra que, en esta comedia en tres actos, el público no está en la butaca: está en el menú.

Y lo más inquietante es que el restaurante sigue abierto


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